Durante años nos enseñaron que solo existían cuatro sabores: dulce, salado, ácido y amargo. El umami llegó después para recordarnos algo que la cocina tradicional ya sabía desde siempre: hay sabores que no destacan, pero sostienen todo lo demás.
El umami es ese fondo profundo y redondo que hace que un plato sea sabroso sin resultar pesado. Está presente de forma natural en alimentos como el tomate maduro, el queso curado, los champiñones, la carne o las algas como el kombu, base del dashi japonés. Su responsable es el ácido glutámico, un compuesto natural que nuestro paladar reconoce como placer y equilibrio.
En cocina, el glutamato natural no actúa como un golpe inmediato, sino como una presencia silenciosa: está ligado a las proteínas y se libera poco a poco, acompañando el bocado. No tiene nada que ver con el uso excesivo de glutamato monosódico industrial (E-621) en productos ultraprocesados, donde el sabor aparece de forma brusca y artificial.
En Con Gracia, el umami no se busca como efecto, sino como consecuencia. Aparece cuando se respetan los tiempos, los fondos, las cocciones lentas y los ingredientes bien escogidos. Es ese “algo” que no siempre se sabe explicar, pero que hace que un plato permanezca en la memoria mucho después de terminar el menú degustación.
Si quieres saber más sobre el umami te recomendamos este artículo.

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